Selfie, ¿moda o enfermedad?

Hace pocas semanas en el programa Cuarto Milenio de Iker Jiménez (La Cuatro), hablaban sobre el fenómeno selfie, más concretamente sobre las muertes provocadas por la realización de selfies en lugares peligrosos. Además daban un espantoso dato: España es el país donde se produjo la primera muerte por intentar realizar un selfie peligroso. Hoy en día no se trata sólo de hacerse un autorretrato (genuina definición del selfie sustituida por un anglicismo) y mostrarse a la sociedad en el entorno digital sino que en muchas ocasiones va acompañada del reto por hacerse el selfie más peligroso.

“Nos interesan los demás cuando se interesan por nosotros”.

Publio Siro, poeta romano.

Parece espeluznante que personas (principalmente jóvenes) arriesguen su vida por realizar un selfie colgando de un edificio de gran altura, subido al techo de un tren, al borde de un precipicio. El doctor Gaona, una persona a la que admiro bastante por su labor investigativa en varios campos de la psicología social y la sociología, lo consideraba una versión actualizada de los antiguos “ritos de paso” tribales y propios de cualquier sociedad. Como en sus tiempos en España se consideraba que “hacer la mili” convertía al joven en adulto, por citar un ejemplo.

Aunque el hecho de que hoy en día el ámbito de relación del ser humano esté más allá de la tribu o el grupo social más cercano gracias a las nuevas tecnologías de la información como internet o las redes sociales ha conseguido el efecto de “rizar el rizo” y buscar la notoriedad social. Ya no es la tribu la que reconoce nuestra proeza sino una sociedad digital mundial de millones de personas. Esto nos empuja a buscar esos retos imposibles.

No existe selfitis, al menos de momento.

Lo cierto es que el asunto aún no está estudiado en profundidad y si bien muchos expertos consideran que la realización de muchos selfies puede ser una consecuencia de una falta de autoestima y que puede acarrear problemas más graves en realidad no hay un estudio concluyente sobre el asunto.

De hecho hace tiempo corrió por la red el bulo de la que la APA (Asociación Americana de Psiquiatría) había establecido que la selfitis sí era una enfermedad y la graduaba en tres niveles de afectación: selfitis borderline, selfitis aguda y selfitis crónica. Parece que sólo es un bulo, un meme dañino inventado por mentes más intencionadas.

Una prueba más de que debemos estar pendientes y no creer cualquier noticia que circule por la red. La manipulación está a la orden del día.

En cualquier caso debemos reflexionar sobre el selfie, al igual que sobre nuestra acción en cualquier red social o entorno digital y encontrar el por qué de nuestros pasos. No podemos seguir la moda de la sociedad porque sí y saber qué pretendemos con dichos selfies, qué aportamos, enseñamos, a los demás, etc. No debemos olvidar que estamos exponiendo nuestra imagen al público y una vez lanzado difícilmente el efecto de esa difusión podrá ser revertido.

 

Imagen: Silke Remmery en Flickr.com con licencia Creative Commons

 

Autor entrada: José María Díaz

José María Díaz López. Periodista, bloggero y aprendiz de Community Manager. Interesado y apasionado por las nuevas tecnologías y por la comunicación humana en sus diversas formas.

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