La Felicidad y las redes sociales

Seguramente todos tengamos un contacto en alguna red social cuya vida parece ser de revista. Su día a día es apasionante y emocionante a juzgar por lo que publica en sus perfiles de las redes sociales, son absolutamente envidiables y dignas de la mayor de las celebrities. Pero ¿serán vidas reales o maquilladas? Las redes sociales reflejan la realidad o una simple visión de ella. Y lo más importante, contribuyen las redes sociales a nuestra felicidad o más bien reman en sentido contrario?.

“La felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo”,

Leon Tolstoi, escritor ruso

En muchos de esos casos la realidad es bastante distinta a lo que se muestra en las redes sociales, o al menos está algo distorsionada o cuando menos, “seleccionada”. Hay una tendencia evidente a que en los perfiles de nuestras redes sociales mostremos la parte “bonita” ocultando lo más negativo que nos pueda suceder salvo en contados casos. Es como cuando contamos nuestras “batallitas del pasado” en la que solemos engrandecer los detalles, magnificarlos, minimizar y maquillar nuestros errores, etc.

Bien es cierto que en los momentos de mayor “bajón” y de tristeza personal también solemos buscar las redes sociales precisamente buscando que nuestro entorno nos ayude a sobrellevar esa situación, sentirnos apoyados y protegidos por nuestro entorno, algo que es perfectamente lógico y entendible. Lo malo es que ese apoyo de las redes sociales no se produzca.

Hoy en día nadie se permite no ser feliz, parece el objetivo fundamental del ser humano en las sociedades occidentales. Ser infeliz no está permitido y, en este sentido las redes sociales en muchas ocasiones se convierten en un escaparate para mostrar esa felicidad. Se podría decir que las cosas no son tanto lo que son sino lo que parecen y mediante las redes sociales podemos mostrar al mundo nuestro triunfo y nuestra felicidad extrema. Lo cierto es que la felicidad no basta con conseguirla hay, sobretodo, que mostrarla y hacerla pública para ser fruto de la admiración.

No sólo eso sino que la felicidad atrae la atención del resto de usuarios y además se contagia. Cualquiera podemos hacer la prueba en nuestros propios perfiles, bastará con publicar mensajes negativos o tristes y otros de felicidad, (fotos, mensajes positivos, etc) y ver el resultado en un cierto periodo de tiempo, seguramente comprobemos que las interacciones de nuestros contactos será mayor con las segundas. En concreto, según un estudio de la Universidad de California, cada mensaje positivo genera 1,79 reacciones frente a 1,29 de las negativas.

Y del contagio ya hablamos en uno de nuestras anteriores entradas del blog en la que hablábamos del “Experimento o manipulación emocional en Facebook”.

 

Buscamos la felicidad y que lo parezca

 

De manera inconsciente nos vamos dando cuenta poco a poco, de que lo positivo en nuestros muros provoca más reacciones y al fin y al cabo, ¿para qué estamos en las redes sociales si no es para conseguir reacciones de nuestro entorno?, así que un usuario activo en una red social irá, progresivamente, asumiendo un lenguaje y un mensaje positivo e idílico, aunque para ello tenga que maquillar la propia realidad.

A esto se une que en occidente se tiende a un sistema de competición en muchísimos campos. Se traduce en que no nos basta con ser felices sino que solemos querer ser más felices que los demás. Si somos capaces de demostrar al mundo que somos los más felices esta sensación de felicidad será aún mayor.

Por el contrario las redes sociales podrán generarnos frustración e insatisfacción sobre todo porque solemos pensar que la vida de los demás es más bonita que la nuestra. Incluso en el caso de que nosotros “vistamos de bonitos colores nuestra vida” y la manipulemos ni se nos pasa por la cabeza que los demás hagan lo mismo con la suya. Por eso hay una tendencia a creer que las vidas de los demás siempre son mejores, más emocionantes, completas y satisfactorias que las nuestras.

Además esta obsesión por intentar mostrar una vida de felicidad puede llegar a provocarnos sentimientos de agobio, ansiedad, nerviosismo, etc y a vivir esclavos de una meta inalcanzable.

Por eso es importante que miremos a las redes sociales con sentido crítico y práctico, además de plantearnos realmente qué es lo que nos aporta y para qué las queremos, algo de lo que hablaremos en próximas entradas de PidoLaPalabra

 

Imagen: Ivan PC en Flickr.com con licencia Creative Commons

Autor entrada: José María Díaz

José María Díaz López. Periodista, bloggero y aprendiz de Community Manager. Interesado y apasionado por las nuevas tecnologías y por la comunicación humana en sus diversas formas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *