Humanidad: más cosas en común que diferencias

Desde hace un tiempo llevo reflexionando sobre la especie humana a raíz de un libro que estoy leyendo llamado Conectados de Nicholas A. Christakis y James H. Fowler. En el se analizan las conexiones entre los grupos humanos de cualquier tipo y las influencias que nos transmitimos. Lo cierto es que la cultura o el sistema actual nos dirigen deliberadamente hacia la distinción del ser humano. No nos basta con considerarnos seres humanos sino que necesitamos pertenecer a grupos y redes, sean de carácter político, deportivo, social, lúdico, etc. Esto está bien seguramente pero no creo que sea algo beneficioso para la especie humana si esas diferencias se afrontas desde el punto de vista negativo.

“Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la humanidad, excepto la Humanidad misma”.

Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo, filósofo y religioso francés.

Me refiero a que parece que es más fácil dirigir o reencauzar a la sociedad si se nos segrega en grupos: los de una provincia o región, los de un equipo de fútbol, votante de un partido y desde distintas estancias se intenta el enfrentamiento de dichos grupos.

En mi opinión esa búsqueda de la confrontación no es natural, es ficticia e inducida por oscuros intereses. Bien sea para llegar más fácil a esos grupos a la hora de dirigir su consumo o su economía, para dirigirlos más fácilmente política o socialmente hablando, etc. Divide y vencerás.

Si se nos induce a sentirnos parte de un grupo humano es más fácil que asumamos como propias todas sus ideas aunque no vayan con vosotros, también será más fácil que consumamos los productos concretos pensados para ese grupo humano sin plantearnos si realmente queremos tener ese producto. Por decirlo más claramente: una tribu urbana, por ejemplo, compra la misma ropa, tiene la misma filosofía de vida y los mismos gustos lúdicos.

Y debemos darnos cuenta de que las redes sociales actuales no son sino una herramienta más que rema en ese objetivo: mayor división y segregación: grupos, páginas, hashtags… todo contribuye a que aumentemos nuestro sentimiento de pertenencia a un colectivo, nos sintamos más parte de él. Eso quizás nos haga sentir más felices, más realizados o más queridos pero reflexionemos.

Si esta diferenciación nos hace enfrentarnos, sentirnos opositores a los de otro país u otra raza por ejemplo. Enemigos del otro partido político que es distinto al nuestro. Enfrentados al de otra región de España o a los del pueblo de al lado. O rivales irreconciliables y tendentes al odio del equipo de fútbol que no es el nuestro… ¿Qué conseguimos?

Pensemos que la especie humana tiene más igualdades que diferencias. Que el fútbol, la nacionalidad, religión o ideas políticas sólo son eso.

Los problemas de la humanidad son más comunes  de lo que a veces percibimos: el futuro del planeta, la situación del ecosistema que habitamos, los problemas de recursos energéticos o alimentarios. La falta de agua en grandes zonas del planeta.

No olvidemos eso en nuestro día a día: como humanos sentimos y nos emocionamos con lo mismo y nos dan miedo las mismas cosas. Hagamos red, cooperemos, conectemos con el resto de la humanidad, no con grupos reducidos solamente.

 

Imagen de: NASA Goddard Space Fligth Center en Flickr.com con licencia Creative Commons

Autor entrada: José María Díaz

José María Díaz López. Periodista, bloggero y aprendiz de Community Manager. Interesado y apasionado por las nuevas tecnologías y por la comunicación humana en sus diversas formas.

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