Aikido Verbal, el arte de la paz en el conflicto

Existen muchos métodos para evitar un ataque verbal o saber llevarlo hacia cauces más constructivos y menos violentos. Hoy vamos a hablar de uno de ellos, bastante efectivo y fácil de aprender a utilizarlo, se trata del Aikido Verbal, un método basado en un arte marcial japonesa, llamada Aikido y que entre sus practicantes se conoce como “el arte de la paz”.

“Herir a un oponente es herirte a ti mismo. El arte de la paz es controlar la agresión sin producir daños”, Morihei Ueshiba, fundador del Aikido

El Aikido es un arte marcial de origen japonés creado por Morihei Ueshiba a principios del siglo XX, se le denomina el “arte de la paz” ya que su objetivo es contrarrestar los ataques del adversario utilizando la fuerza de su ataque para desestabilizarlo, esquivarlo, inmovilizarlo, proyectarlo, etc. De hecho su significado en japonés es algo así como “el camino de la energía y la armonía”.
Tanto en el aikido marcial como en el aikido verbal el objetivo no es hacer daño al atacante sino mostrarle el camino de la no violencia, de la armonía, de la construcción y del diálogo como forma de resolver satisfactoriamente los conflictos, en este caso los verbales (que pueden derivar en ataques físicos). Por eso la meta en el aikido verbal no es desprestigiar, ridiculizar o menospreciar a nuestro atacante sino mostrarle vías de diálogo efectivo.
En muchos casos esos ataques verbales provienen de un sentimiento de superioridad de una de las partes con lo que el aikido verbal buscará restablecer el equilibrio entre los contendientes, sólo cuando una relación humana parte de una situación de equidad e igualdad se puede resolver de manera positiva.
El aikido verbal requiere algo de práctica y sobre todo tiempo y dedicación para adoptar una serie de pautas, poco a poco las iremos explicando y tratando con distintos materiales, confiamos en que sea productivo para todos.Pero hoy vamos a resumir algunas de las pautas más importantes.

Pautas del Aikido Verbal

Escucha. Ante todo hay que escuchar con esmero el ataque del oponente. Intentar entender las palabras que nos dirigen y lo que puede haberlas motivado. No se trata de dar la razón ni de asumir los argumentos del otro sino de escucharlos y entenderlos.
Cuestionamiento. Cuestionarnos qué parte de razón o de verdad pueda existir en el ataque del otro. Qué datos son reales y cuales no y que motivación puede tener para el atacarnos.

No menospreciar. No menospreciar ni ridiculizar al atacante ya que eso contribuirá a que aumente su resistencia al diálogo y levantará muros entre ambas partes.

Aceptar el ataque. Aceptar y asumir el ataque como un conflicto y por tanto como una oportunidad de crecimiento, sólo si se plantea el conflicto se puede resolver y darle una solución a problemas subyacentes.

Buscar la positividad. Basarnos en criterios positivos, no ser derrotistas, no hablar de lo que falta sino de lo que ya tenemos. Formular los objetivos en positivo utilizando la afirmación y no la negación.

Mostrar firmeza. Mostrar nuestros argumentos y nuestras respuestas de manera tranquila y firme, contribuyendo a crear un clima de confianza en el conflicto.

Utilizar un tono de voz firme pero enérgico. Nuestra presencia verbal y no verbal debe contribuir a tranquilizar la situación, los gritos o la “pérdida del control” no contribuyen a ello pero tampoco las dudas o los titubeos.

Conservar la calma. No dejarnos llevar por la visceralidad o por los bajos instintos o por responder al ataque en los mismos términos que este. Debemos conservar siempre la calma y el control de nuestro cuerpo y de nuestras palabras.

 

Imagen: L´oeil étranger en Flickr.com con licencia Creative Commons

Autor entrada: José María Díaz

José María Díaz López. Periodista, bloggero y aprendiz de Community Manager. Interesado y apasionado por las nuevas tecnologías y por la comunicación humana en sus diversas formas.

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